Deambulando por "La Boqueria" en busca de algo sugerente para cenar, una renacuaja se paró delante mío:
- Señora, ¿quiere lotería? Es para el viaje de find de curso, que no queremos pasar otro año en "Port Aventura"... Siguió hablando, pero yo ya no la oía. ¿Señora? Pero si aun no he llegado a los treinta, y ya parezco una señora, mu malamente que vamo, que diría mi amiga Fras.
No es que hacerme mayor me cause grandes dolores de cabeza, pero no me había planteado que ya podría parecer una "señora" en vez de una "chica". La mini vendedora de lotería le dio un golpe a mi ego sin darse cuenta. Si creía que le iba a comprar algo (que no fuera crema antiarrugas) lo llevaba claro.
Me fui a casa y, (después de meter el rape en la nevera, encender un par de barras de incienso, una vela y poner algo de música) me tiré en el sofá, cigarro en mano, pensando en las cosas que yo quería hace 15 años. En como CREÍA que iba a ser mi vida y en qué se había convertido realmente.
-Cuando era joven, soñaba con estudiar Arqueología o Egiptología y pasar meses enteros en zonas perdidas leyendo libros que llevaban cerrados miles de años o restos de una expedición griega en suelo azteca. Todo eso con mis pantalones caqui y escobilla en mano, claro. Maldito Indiana Jones.
Ahora trabajo en banca, concretamente en Fondos de Inversión. Vamos, lo mismito.
- Hace 15 años, me peleaba con mi madre todos los días. Todos. No descansaba ni los domingos, oiga. Porque tengo mala baba, mal carácter y porque estaba en la edad del pavo. Esa en la que sueñas que tus padres no son tus padres, y que un día aparecerían los de verdad, que eran más altos, más guapos y más ricos. Por supuesto nunca aparecieron, creo que se olvidaron de mi.
A día de hoy, hablo con ella tan a menudo, que parece que seguimos viviendo juntas.
- Soñaba con salir del pueblo e irme a una gran ciudad, en la que tendría un piso en el centro, y/o con vistas a la playa y/o a grandes monumentos. Vivo de alquiler en un piso de dos habitaciones a las afueras de Barcelona (esto es un casi), con vistas al edifico de enfrente, que ni es la playa ni hay nada que se pueda considerar monumento. Ni siquiera un vecino.
- El príncipe azul. El mío sería alto, fuerte, moreno, con los ojos verdes y unas cejas pobladas y bien dibujadas. Diré que estoy hartita de sapos y ranas. Ya no me importa ni que sea alto, ni fuerte, ni de qué color tiene los ojos (lo de las cejas sí es importante, me gustan los hombres con unas bonitas cejas). Lo único que me importa es que sea un príncipe a medida, pero como no sé aún las medidas definitivas, pues, si eso, ya sigo con las ranas un tiempo, que son entretenidas.
Pero, sobretodo, con la edad que tengo ahora, pensaba que seguiría siendo una CHICA, no una SEÑORA. Joder con la niñata de la lotería.
Hablando de años, aprovecho para felicitar a Quatermain, que no sé si llamarle chico o señor, pero que es majete. Felices... ¿25?
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Hace 1 hora.
